Serpientes Venenosas
Carlos Rivera Fernández
Wildlife. Photographer
carloshumbertor575@gmail.com
     

Distribución Geográfica de las Serpientes Venenosas de Costa Rica y su Importancia en el Tratamiento en caso de mordedura


Luego de publicar el Libro Guía de Serpientes de Costa Rica, don Carlos Rivera Fernández, fotógrafo de vida silvestre, tuvo una experiencia en la Clínica de Coronado, nos cuenta:
"Yo estaba en ese lugar, con un cuadro de dengue, por uno de mis viajes al Braulio Carrillo, cuando ingresó un paciente mordido por serpiente venenosa, con un grado alto de destrucción de tejido, inmediatamente el médico reaccionó diciendo que se debía identificar la especie, el paciente venía de la zona de Tierra Blanca. Entonces, yo decidí involucrarme explicándole al médico que no hacía falta identificar la especie, pues en esa zona solo podría ser Toboba de altura, casualmente por la altura, y por la destrucción de tejido, claramente se podía indicar que era una víbora y no una coral . Luego de ese día decidí incluir en mi nuevo libro, una sección sobre la importancia de conocer la distribución geográfica de nuestras serpientes venenosas y su injerencia a la hora de un tratamiento".

Desde que inicio labores el serpentario que estableció el Dr. Jiménez detrás del edificio de Medicina en la U.C.R en 1961, rigurosamente se realizaban registros exhaustivos al ingresar una serpiente, de estos datos se derivan parámetros que determinan tamaños de las especies, distribución geográfica, patrones de color y pesos; sin embargo se puede hablar de aproximados, pues no es definitivo ,por ejemplo: el tamaño máximo encontrado en terciopelos es 2.20 mts, esto en zonas protegidas, en zonas agrícolas difícilmente se encontrarán de más de 1 mts, ya que la mayoría muere a manos de nuestros agricultores antes de poder desarrollarse totalmente.

A inicios del siglo XV en la etapa de la conquista, en las crónicas de los exploradores se relata sobre enormes serpientes monstruosas de más de 10 metros, se pensó que el terror que generaban a los conquistadores las serpientes los hacía incrementar su percepción visual de forma errónea ; hoy se sabe que al no tener las serpientes centros de osificación secundarios, lo que en nosotros sería el esternón, las serpientes tienen la capacidad de crecer de por vida, si el entorno así lo permite, por estas razones se habla de tamaños aproximados; en cuanto a la distribución geográfica seria otro aspecto donde no se puede hablar asertivamente, los cambios constantes en la topografía y apertura de caminos, podrían variar estos parámetros, por ejemplo el Dr. Clodomiro Picado le dio poca importancia a la cascabel muda, por los pocos especímenes que el obtuvo ; luego de que se abrieran más caminos y rutas alternas a la Zona Sur, la Vertiente Norte y Atlántica se incremento los avistamientos de esta especie ; según los registros del Dr. Jiménez se contabilizo la llegada de 99 ejemplares de cascabel muda en el periodo de 1961 a 1983 en su serpentario.

De los parámetros establecidos por estos registros podríamos determinar lo siguiente: En las vertientes Norte (San Carlos y Sarapiquí) Atlántica y del pacífico húmedo se encuentran la terciopelo y la mayoría de las víboras, así como la cascabela muda y las corales. En la Península de Nicoya, que representa la mayor parte de Guanacaste, existen prácticamente sólo cascabela, coral, mocasín (sólo en zona de la Cruz y Santa Rosa, limítrofe con Nicaragua) y serpiente de mar, que habita en toda la costa del Pacifico.
La cascabela también habita aunque escasamente en la Meseta Central, en la zona de la Hacienda El Rodeo, a sólo 25 Km. de San José, también se registró en las montañas de Tarbaca, Clorito relata que en 1920 existía cascabela en Orosi de Cartago, en 1970 el Dr. Jiménez registro cascabelas en Patarra.

Se podría definir una tercera gran zona en la Meseta Central, toda la provincia de San José y parte de la provincia de Puntarenas, hasta el límite del Pacífico seco. En esta zona también existe la terciopelo y sus congéneres, así como la coral, pero la cascabela muda está sustituida por la cascabela.

La Meseta Central, que es parte de esta gran zona central, tiene una ofidofauna venenosa restringida a la coral, el pequeño núcleo de cascabela de el Rodeo y sólo otras dos víboras, pero bastante abundantes : la lora, que habita a altitudes de 1000-1500m y se encuentra en cafetales de lugares tan cercanos de San José, como Escazú, Santa Ana, Patarra y Rancho Redondo ; la toboba de altura que vive en lugares aún más altos ( más de 1500m) fríos y húmedos, como Rancho Redondo a la altura de Guayabillos, San Ramón de Tres Ríos, San Gerardo de Dota y faldas de los volcanes en general .
La terciopelo habita en todas las zonas cálidas y húmedas de Costa Rica, a altitudes inferiores a los 1000 m, por lo que existe a nivel del mar en todas partes, exceptuando la Península de Nicoya, pero se ha encontrado en la zona de Liberia aunque muy escasamente .
La mano de piedra corriente, que es una especie centroamericana, no se encuentra a nivel del mar, sino entre 500 y 1000 de altitud en lugares como Tilarán, San Carlos, Sarapiquí, Puriscal, Sabalito, San Vito, personalmente las e encontrado en la entrada al Parque Nacional Braulio Carrillo en San Jerónimo de Moravia y en varias ocasiones las observe en parejas, así como también observe cascabelas mudas en la parte baja del parque ( camino de mulas, que se habilito para transporte de café al puerto del atlántico, aunque hoy conserva el empedrado original esta cubierto por maleza
)
La otra especie de mano de piedra Atropoides picadoi que es menos común, llama la atención por la restringida distribución geográfica que tiene, limitada a altitudes moderadas de la cordillera Volcánica Central por ejemplo Sarapiquí, aunque recientemente se han encontrado en las partes altas de Coronado, como Montserrat y Bajo de la maquina y tronco de Tierra Morena.

La víbora de árbol se encuentra en lugares muy altos (1500m o más), semejantes a aquellos en que vive la toboba de altura, esta especie junto con el mocasín son las menos abundantes de nuestro país.

La toboba chinga sólo habita en el Pacífico, entre El Rio Grande de Tárcoles y Cañas.

En cuanto a las corales, la tricolor, Micrurus nigrocinctus, es la serpiente venenosa de más amplia distribución, pues existe en todo el país, tanto en climas cálidos y húmedos, como cálidos y secos, también en toda la Meseta Central, incluida la capital.

La única excepción son las partes altas de las montañas, donde solo existen toboba de altura y víbora de árbol.

La gargantilla coexiste con la coral en las zonas norte y atlántica, pero no al sur de la cadena montañosa que atraviesa diagonalmente el país, con la excepción de la zona de Liberia, donde se ha encontrado, se puede afirmar que no hay gargantilla en la vertiente del Pacífico.

El conocimiento básico de la distribución geográfica es fundamental y decisivo a la hora de un accidente ya que de este podemos definir: un mordido por coral no podría ser por gargantilla en Puriscal, pero si en San Carlos, Sarapiquí o Siquirres, en Golfito no encontraremos mordidos por cascabela, pero si por cascabela muda.

En Nicoya o Santa Cruz de Guanacaste no hay accidentes por terciopelo o cascabel muda.

Un paciente mordido en Tierra Blanca de Cartago, a 2000 m sobre el nivel del mar, con síntomas de envenenamiento por víbora, será muy probablemente por toboba de altura, pero nunca por terciopelo.

La víbora responsable de la mordedura en un cafetal de Santa Ana o de Orosi será indudablemente una lora, nunca una terciopelo.

Debido al avance actual en nuestro país en materia de sueros antiofídicos no es necesario identificar la víbora causante del accidente, ya que el suero en ese caso es omnivalente. (Valido para todas las víboras)

Lo que no sucede en el caso de las corales, es necesario y decisivo determinar si el accidente fue causado por una coral de 3 o 2 anillos o sea una coral corriente o gargantilla, pues se trata con antivenenos separados.

El conocimiento de lo anterior es básico en un país de amplia ofidofauna como el nuestro, mas aun para personas amantes de la naturaleza y del deporte del montañismo.

 
 
 

Tel. 34 + 672 234 723 info@laeco.net